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Bienvenidos a esta entrevista de trayectorias que inspiran, soy María Peña, psicóloga sanitaria. En esta ocasión os haré un regalo muy personal para mí. Hoy hablaremos con Ángel Peña, uno de los referentes de inspiración más importantes de mi vida. Quisiera compartir su experiencia con vosotros porque puede que sea también sea inspiradora para vosotros.

¡Espero que os guste!

1. Cuando eras un niño/a, ¿qué querías ser “de mayor”? ¿Qué te decían tus padres?

Vengo de la generación en la que todos los niños querían ser futbolistas o toreros.
La sociedad consumista que comenzó en la posguerra empezaba a cristalizar, y nuestro modelo estaba en el personaje de éxito que nos vendían, es decir, los futbolistas famosos y algún que otro torero.
Los críos pasábamos la vida en la calle jugando a la pelota e intentando cambiar los cromos de futbol que nos salían “repes” en las pocas ocasiones en que nos podíamos gastar una o dos pesetas en la adquisición de los mismos. Dedicábamos poco tiempo en pensar lo que queríamos ser de mayores. Esa época quedaba muy lejana. A mí, personalmente, no me preocupaba. Ni me lo planteaba.

Mi padre, que venía de una época de penurias marcada por una guerra, y tenía que emplear bastantes más de esas ocho horas marcadas ahora para “traer el sustento” a la casa, incluidos sábados y domingos, se emperraba en convencerme en que “me hiciera maestro” ya que, según su visión, ese era el empleo que me iba a garantizar esa seguridad socioeconómica que él, por los motivos indicados, no había conocido.

2. ¿Qué aficiones tenías?

Siempre me ha gustado cacharrear y desmontar cosas para averiguar como funcionaban. Recuerdo que con unos 5 ó 6 años mis padres me dieron un despertador de aquellos que había que darles cuerda todos los días, seguramente porque fallaba más que una escopeta de feria (todavía funcionaba).
Fue todo un descubrimiento para mí cuando empecé a desmontarlo y a analizar, dentro de mis posibilidades, como esos manditos que tenían por detrás movían las saetas, la cantidad de ruedecitas y engranajes que tenia dentro, y sobre todo me llamó la atención “el corazón”, que era una ruedecita que no paraba de hacer un continuo vaivén.
Poco tardé en desmontarlo totalmente, no sin antes haber aprendido a interpretar las horas, el descubrir cómo, gracias a los engranajes, unas ruedas giraban más lentas que otras, y que habían unos muelles (los de “la cuerda”) cuya función era la de acumular la energía que se les proporcionaba al girar una palanquita. Uno de ellos iba liberando esa energía poco a poco durante el día moviendo todo ese entramado de ruedecitas, y el otro la liberaba en menos de un minuto al mover rápidamente una palanquita que tintineaba sobre una especie de campana, para producir el típico sonido matinal que marcaba el inicio del día laboral, justo en el momento en que la aguja de las horas coincidía con la posición de la aguja del despertador.

La asignatura de “trabajos manuales” del colegio (una hora a la semana, como mucho), también sirvió para despertar en mí esa curiosidad que me ha acompañado siempre. Con los pocos recursos de que disponíamos, me construí el típico panel con un mapa de España, en el que todas las capitales de provincia estaban marcadas con una chincheta, y estaban también listadas en un letrero situado a la derecha del panel. Con unos electrodos conseguíamos encender una perilla si acertábamos la capital de provincia (uno de los electrodos lo debíamos poner tocando la chincheta del mapa y el otro lo poníamos tocando el nombre en el panel).
Después, llegué a construirme mi propia “radio de galena”, con tan solo 4 ó 5 elementos que conseguí por ahí (un rollo de papel higiénico, unos metros de hilo de cobre que conseguí de un electricista.
Un “detector de germanio” y un “condensador variable de 500 picofaradios” componían toda la parte “electrónica” de mi radio, componentes que compré en una tienda de electrónica (Radiovisión), tienda que, años después, visitaría casi a diario.

3. Durante tus estudios, ¿te apoyaste en algún momento en algún servicio de orientación profesional? ¿te sirvió?

No existía ningún tipo de entidad enfocada a la orientación profesional en esa época. Ni tan siquiera en la que desarrollé mis estudios universitarios (finales años 70 y principios de los 80).

Había un modelo basado en que cualquier crio, a los 14 años, ya estaba en condiciones de trabajar “de aprendiz”. Tenía un sueldo muy bajo, pero un sueldo al fin y al cabo. El aprendiz hacia “de todo” durante las 8 o 10 horas que estaba en el taller o fábrica donde lo habían contratado, pero en contrapartida iba empapándose de todo lo que veía.
Si era espabilado, iría creciendo en la empresa en forma de Oficial o de Oficial de Primera. En muchos casos se jubilaría en esa misma empresa.

Parece un sueño, pero hay que decir que estábamos inmersos en una en sociedad capitalista en crecimiento, donde había demanda de todo. Las empresas crecían, y había trabajo para casi todos. Eran otros tiempos.

4. ¿Cuál es tu profesión actual? ¿Te gusta? Si es un sí, ¿qué es lo que más te gusta?

Soy Ingeniero Técnico Industrial, con especialidad en Electrónica.
Sí, me gusta mi profesión, porque me ha permitido desarrollarme tanto personal como profesionalmente.

5. Brevemente, ¿cuál ha sido tu trayectoria?

Se podría ser que he sido una persona autodidacta y autosuficiente.
Desde que, con 15 años, acabé los estudios de bachiller (el equivalente al BUP), estuve trabajando en diferentes actividades, casi todas ajenas a mi futura profesión (repartidor a domicilio, empaquetador, operario en fábricas de refrescos, etc., etc., pero son cosas que me permitieron llevar a casa al menos el dinero necesario para cubrir los gastos de mis estudios. Tengo que aclarar que vengo de una familia modesta.

6. Tienes 10 puntos a repartir entre lo que consideras que ha sido más determinante en el desarrollo de tu carrera profesional:

Título académico: 2
Relación social (networking): 0
Aprendizaje informal: 0
Automotivación: 5
Sentido y valores personales: 0
Confianza en mí mismo: 3
Mentorización/orientación: 0
Situación económico/familiar:0

7. ¿Hubo algún factor adicional que haya sido clave en el proceso?

Estoy convencido que el principal factor que me ha permitido desarrollarme en las diferentes empresas en las que he trabajado ha sido la implicación personal en cualquier responsabilidad que me hayan asignado, y que me motivase tanto personal como profesionalmente.

Cualquier empresario que contrate a una persona, desde el momento en que es empresario, debe de obtener de esa persona algo más de lo que le cuesta. Es ley de vida.

Si esa persona realiza el trabajo con total implicación lo hará casi de forma inconsciente, y lógicamente su “jefe” estará encantado.

Aconsejo la lectura de un libro que se llama “Flow” (fluir) de Mihaly Csikszentmihalyi, donde se define de una forma muy clara como una actividad que, a vistas de cualquiera que no se sintiese involucrado en la misma, le parecería una barbaridad, puede convertirse incluso en una fuente de placer si consigues la necesaria dosis de motivación.

8. ¿Qué habilidades o competencias consideras que han sido clave para lograrlo?

La aplicación de mis conocimientos técnicos, derivados de mi experiencia y mis estudios. Principalmente de mi experiencia.

9. ¿Qué sentimientos y creencias te han impulsado hasta llegar a tu situación actual?

La involucración personal en cualquier actividad que me sea motivadora. Estoy convencido que es el principal factor que me ha dado valor profesionalmente, y que mis sucesivos jefes han sabido apreciar.

10. ¿Cuáles son los contextos, los pensamientos, las creencias o las emociones que más te frenaban en tu trayectoria?

Siempre he evitado tener o evitar pensamientos o creencias que pudiesen frenar mi trayectoria. No me aportan nada positivo.

11. Si viajaras al pasado, ¿qué consejo le darías a tu “yo pasado” para facilitarle el logro de sus futuros propósitos?

Está claro que el “hoy” de hoy no se parece en nada al “hoy” de hace 30 años.
Si pudiese hablar con el “yo” de hace 30 años le diría que ha acertado con su convicción de que en la involucración está la clave.

12. Desde el presente, ¿qué consejo le darías a los jóvenes?

Detecto en los jóvenes de hoy en día una tendencia corrosiva a establecerse en su “zona de confort”. Esto es normal en una transición desde una época de consumismo creciente, a una época de consumismo “en saturación” como es la actual, donde “todo está servido” y en la que se avecinan cambios muy importantes socioeconómicamente hablando.
Estoy convencido de que muchos de estos jóvenes, apalancados en esta zona de confort, tienen un potencial enorme, y que están esperando a que venga el momento para “sacarlo a relucir”, pero mi consejo es que no esperen a ese momento, ya que cuando llegue puede ser demasiado tarde.

Deben ser conscientes de que el ritmo de vida y comodidades (tal y como se entiende actualmente) que pueden permitirse en la actualidad es totalmente artificial, ya que depende totalmente de sus progenitores.
Deben visualizar un futuro en el que esos progenitores ya no estén, y deben tener una visión a medio-largo plazo que les permita verse a sí mismos en esa sociedad que se establecerá en las décadas venideras, y situarse, aunque sea visualmente, en un determinado punto de esa sociedad. A partir de ahí, deben de abandonar la zona de confort para empezar a construir la realidad de esa visión.

Es justamente lo que hemos hecho sus padres, lo que hicieron sus abuelos y lo que también hicieron sus tatarabuelos. Cuando antes empiecen será mejor.

13. Define con solo una palabra como ha sido tu camino hasta llegar a tu situación actual: Experiencia.

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