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Por Sergio Linares

Las personas queremos desarrollar nuestro potencial como profesionales en empresas y darle sentido al trabajo que hacemos una vez cubiertas las necesidades básicas. La escalada a la cúspide de la pirámide de Maslow, resulta agotadora.

Pirámde de Maslow¿Y si no se tratara de una escalada?

“Cuenta la leyenda que un viajero francés realizaba a caballo el Camino de Santiago y que al pasar cerca de Miranda de Ebro, en la confluencia de las provincias de Vitoria, Logroño y Burgos, avistó una cantera. Observador avezado, se quedó perplejo al contemplar a tres canteros que afanosos realizaban el mismo trabajo con una actitud bien diferente entre los tres. Detuvo su montura y observó más atentamente para intentar comprender qué hacía que cada uno se condujera de manera tan dispar.

El primer cantero se paraba constantemente durante la realización de su trabajo, se quejaba, vociferaba y maldecía asqueado.

El segundo cantero se mostraba silencioso, ensimismado y, como el anterior, utilizaba las herramientas propias de los canteros: cincel, escoplo y martillo, para dar forma a la enorme piedra arrancada de la tierra. Sus paradas no iban acompañadas de quejas, sólo de una atención concentrada para comprobar la calidad de su propio trabajo.

El tercer cantero, como los anteriores, también cincelaba, también comprobaba, pero entonaba una alegre canción, ensimismado en su trabajo. Sus paradas de comprobación iban acompañadas de gestos claros de interpretar: se sentía satisfecho de lo que hacía.

La aparente disonancia, hacía que el viajero francés se fijara con más ahínco en los canteros, tratando de medir cualquier gesto o circunstancia que le diera la clave de sus comportamientos.

Nada. Pasado el tiempo se rindió. No comprendía, así que decidió preguntarles.

Se dirigió al primer cantero y le preguntó: “¿qué hace usted?. El cantero le miró de soslayo escéptico del interés del francés. Le explicó entre dientes que pasaba, del alba al anochecer, la jornada haciendo lo mismo, día a día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año. Maldecía su mala suerte. El segundo se sorprendió de la pregunta, -¿que qué hago?- y le explicó como daba forma a las piedras que le traían de más arriba. Se preocupaba de forma casi obsesiva que quedaran en forma cúbica. Y diciendo esto, continuó. El tercer cantero, ya le esperaba. Lo recibió con una sonrisa y antes de que el francés pudiera decir nada, se anticipó contestándole con evidente satisfacción: “estamos construyendo la Catedral de Burgos”, y siguió con su trabajo y sus cantos”.

¿Qué tipo de cantero eres? ¿Buscas reconocimiento, confianza?

Es la era del famoso talentismo y de las buenas personas. ¿De qué sirve saber hacer algo muy bien si no lo aplicamos? Y es aquí donde te surge el emprendedor, de la necesidad interna de hacer algo más grande por sí mismo y por los demás.

Necesitamos de los demás, y no seríamos sin los demás. Me viene a la memoria la película “El Naufrago”, ¿Os acordáis de Wilson? ¿Qué trágica su pérdida, no? Hacemos lo que hacemos en busca de un sentido, aunque no seamos conscientes.

El profesional de hoy quiere sentirse escuchado, comunicar para mejorar procesos. Es hora de buscar y encontrar las empresas que nos acompañen de acuerdo a nuestros valores.

Una de las bases del éxito siempre ha sido la capacidad de adaptarse a los cambios. En una sociedad en la que estamos cada vez más conectados, buscamos empresas con valores similares a los nuestros, que se adapten a los cambios, colaborativas y que quieran convertirnos en protagonistas de su historia. ¡Ve por ese tipo de empresa, no lo dudes!

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