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Todos hemos conocido el modelo de aprendizaje del sistema educativo tradicional. Un profesor que “enseña” a unos alumnos una serie de materias ya definidas en un programa educativo, primero por criterios de edad (primaria, secundaria), luego por grandes áreas de conocimiento (ciencia y humanidades) y posteriormente por una especialización (FP, Universidad). Salvo excepciones, el modelo habitual de enseñanza es el basado en la “clase maestra”, donde el maestro tiene una serie de conocimientos que expone a sus alumnos. Este modelo proviene de la era de la industrialización, cuando en nuestra sociedad el trabajo se va desplazando del campo hacia las industrias y ciudades, los gobiernos ven la necesidad de alfabetizar a (casi) toda la población y se impone este modelo educativo que todavía sigue muy presente en nuestros días.

Pero nuestra sociedad actual no es la de la era industrial, estamos en la era del conocimiento y de Internet, en un mundo mucho más complejo y cambiante donde aquellos modelos de enseñanza tan rígidos cada vez tienen menos cabida. El sector educativo no es ajeno a esta cuestión y es el primer entorno que lleva años replanteándose cual es el futuro (y el presente) de la enseñanza, con las divulgaciones de Sir Ken Robinson o teorías como las inteligencias múltiples de Howard Gardner, de la que ya tenemos ejemplos reales aplicados. (Ver reportaje Colegio Montserrat).

Este nuevo paradigma educativo plantea estrategias didácticas centradas en el alumno: propuestas de tareas abiertas, constructivismo, experiencias y actividades centradas en el alumno, aprendizaje colaborativo, investigación y descubrimiento, integrando el aprendizaje informal y el formal.

¿Y qué pasa en el ámbito laboral? 

Una vez superado nuestro aprendizaje formal en la Escuela/FP/Universidad ingresábamos en el mundo laboral sin mayor necesidad de aprendizaje que un mínimo reciclado formativo que nos venía impuesto o dado por nuestra empresa pero a partir de ahí nuestro principal objetivo era trabajar y trabajar. Salvo excepciones que requieren una formación constante por los continuos cambios en su sector (abogados, economistas, informáticos), en la mayoría de los casos, el trabajador se olvidaba de los libros para siempre, en otros casos le tocaba volver a clase obligado por la empresa para cubrir unos mínimos y en el mejor de los casos, por el tipo de profesión que ejercía, debían continuar una formación constante.
Pero ya hemos mencionado que la sociedad ha evolucionado fuertemente en las últimas décadas, tanto por la fisonomía del trabajo (economía del conocimiento) como por la irrupción de Internet, la democratización de la tecnología y el acceso a la información. Con estos ingredientes hablamos de un nuevo enfoque de aprendizaje. Hablamos de educación de personas adultas, con conciencia autónoma y que la ejercen en relación a su aprendizaje. Y no se trata de una formación reglada o formal sino de un aprendizaje abierto o educación flexible: el usuario tiene elección, tiene libertad de maniobra, tiene control sobre la forma en que aprende.

Tanto si eres un profesional en activo, como se estás buscando empleo o una mejora profesional, es el momento de asumir la responsabilidad de tu aprendizaje, e instalar en tu actitud el modo Lifelong Learning y para tomar plena conciencia y empezar a construir tu propio Entorno Personal de Aprendizaje (PLE).

Para ello hay que seguir un sencillo ciclo de tres pasos e interiorizarlo en nuestras actividades cotidianas:

  • Leer. En su sentido más amplio, pues no se trata de solo texto, sino de cualquier fuente de información en cualquier formato: audio/podcasts, video, presentaciones, artículos, noticias,…
  • Reflexionar. Espacios donde transformar, mezclar y reelaborar la información. El hecho mismo de “escribir” sobre algo nos obliga a reflexionar y pensar sobre ello, ya sea a través de comentarios, blogs, wikis, documentos, presentaciones, mapas mentales, etc.
  • Compartir. Aquellos entornos donde nos relacionamos con otras personas de las que aprendemos y con quienes aprendemos. Se trata de ir tejiendo la tela de araña que formará nuestra Red Personal de Aprendizaje.

Este ciclo está potenciado de manera exponencial por las posibilidades de Internet y la tecnología social y será un ciclo constante e infinito, que no dejará de evolucionar a lo largo de la vida pues nuestro PLE debe ser totalmente dinámico.

La importancia de este nuevo enfoque es clave en la orientación profesional que Futurea ofrece en su dimensión formativa, acompañando como guía en la inmersión, descubrimiento y conocimiento de las herramientas que nos facilitan la construcción de nuestro propio ecosistema de aprendizaje.

 

(Este artículo es una publicación original de El blog de Nacho Cambralla)

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