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“Si no querías que hiciera una travesura, no habérmelo puesto al lado…”
Alejandro, 6 años

     Esta primera frase evoca muy bien de lo que trata esta entrada: la atención. Aunque no constituye en si misma una función ejecutiva, ya que se trata mas bien de una función cognitiva superior, es de lo más importante a tener en cuenta si lo relacionamos con la inteligencia ejecutiva. Este niño le decía a su madre que no le pusiera el estímulo delante, porque su atención no era capaz de obviarlo. De niños los estímulos nos cautivan…nuestro cerebro impulsivo controla la mirada, o más concretamente nuestro foco, nuestra selección. Lo queramos o no, el carro tirado por caballos de Platón no tiene conductor todavía. Sin embargo la adolescencia nos trae consigo el desarrollo de la atención, y todo lo que ello implica. No obstante, es algo que nunca dejamos de entrenar, o que nunca deberíamos dejar de entrenar. Incluso es costumbre que escuchemos gente que en su madurez avanzada te dice: “Lo que he aprendido a lo largo de mi vida es a saber lo que quiero, y saber escoger…”. Y tu te preguntas, ¿y por qué lo habrá descubierto tan tarde?

     En realidad dicen que el término “desatento” no existe, puesto que deberíamos llamarlo “no atento a lo que le mostramos”. Es decir, las personas siempre estamos atentas a algo, y lo que debes preguntarte es esto: ¿A qué estas atent@ últimamente? ¿A qué necesitarías estar atent@ para lograr tus objetivos profesionales y personales? Ahí está la clave de todo. De acuerdo con Goleman (Focus, 2013), existe un vínculo entre atención y excelencia detrás de la mayoría de nuestros logros.

   La capacidad de atención o concentración, es fundamental en el desempeño efectivo de nuestras situaciones diarias, desde la realización de tareas hasta el disfrute de nuestros hobbies. Nos ayuda, tanto en la compresión y aprendizaje, como en descifrar las emociones de los demás, generar empatía y construir relaciones óptimas. Por tanto, la falta de atención es un enemigo de nuestra productividad personal. Las distracciones disminuyen nuestro rendimiento y son un malgasto de tiempo y energía en todo tipo de actividades.

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   En Futurea, cuando hacemos orientación profesional, uno de los aspectos que trabajamos mucho es la atención. Aunque no lo creas tomar conciencia de “a qué estas prestando atención” te ayuda a saber si hay más oportunidades que no habías planteado, y a explorar caminos que tu atención distraída no había tenido en cuenta. Es curioso que en las primeras sesiones, las personas no suelen ver lo que llamamos factores impulso (facilitadores) en su entorno, pero si son capaces de describir con facilidad factores freno (barreras) en su proyecto u objetivo personal. Dice una frase del Talmud, “No ves el mundo como es, sino como eres”. Es decir, la tonalidad, el brillo, la belleza y oportunidad de lo que veas, dependerá de como es tu atención.

     Nuestra capacidad de atención no es estática, varía con la edad, y las circunstancias que estemos atravesando en cada momento. No obstante, existen pequeños hábitos que podemos incorporar en nuestra vida que pueden ayudarnos a ejercitarla e incrementarla. Los más generales son:

1.Gestiona tu energía. ¿En qué momento del día funcionas mejor, por la mañana o por la tarde? Estúdiate, el cuerpo te dará muchas pistas. Escoge aquellas tareas de tu búsqueda de empleo que más te cuesta para aquellos momentos en que tus pilas están cargadas, y deja las más llevaderas para cuando estés a media carga.

2. Prepara un espacio para buscar trabajo confortable y adaptado a tus circunstancias. Es importante que trabajes en un entorno limpio y ordenado, con buena iluminación y temperatura ajustada.

3. Elimina todas las distracciones que están a tu alcance: como el móvil, las redes sociales, el email, etc.

4. Explica a los demás cuándo y como te gustaría se comunicasen contigo y cuando no. Elimina aquellas interrupciones producidas sin ningún criterio.

5. Planifica tu día de acuerdo con tus objetivos y prioridades actuales.

6. Divide tu trabajo en pequeñas tareas, para no sentirte abrumado por grandes proyectos.

7. Organiza tus descansos. Se recomiendan cada hora y media, que es cuando la atención suele disminuir.

8. Regálate premios o haz algo que te apetezca tras el logro de cada objetivo.

9. Come equilibradamente, respetando las cinco comidas diarias y en pequeñas cantidades para mantener constante tu nivel de energía. La cafeína y el azúcar, en cantidades moderadas, pueden ayudar en determinados momentos.

10. Duerme lo suficiente, te sentirás más saludable y con el pensamiento y atención más nítidos.

Pronto hablaremos de más funciones ejecutivas, por ahora esperamos que esta entrada haya cautivado tu atención al menos por un momento.

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