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Por María Peña

El emprendimiento como lo entendemos normalmente

Se entiende por Emprender, dentro del campo de los negocios, al desarrollo de una obra con esfuerzo, asunción de riesgos y superación de dificultades para alcanzar un determinado objetivo, aprovechando las oportunidades presentes en el mercado. Actualmente, la idea de emprender un negocio resulta cada vez más atractiva para muchos españoles. Parece que las dificultades de que nos puedan contratar, las nuevas tecnologías y la cantidad de información disponible, entre otros, están animando a muchos a “ser sus propios jefes”.

Emprender es una decisión que ha de valorarse concienzudamente. Está claro que es ambicioso, más si tienes un plan viable que de beneficios a corto medio plazo, además de los beneficios personales como profesionales. Las buenas ideas son únicas y sólo las puede crear el ser humano, utilizando su creatividad, experiencia y conocimientos previos. Son insustituibles, no las realiza ninguna máquina y su acogida es diferente según el país, el momento de la historia, el camino que se elige, etc. No consiste en estar contratado en una empresa y cumplir con tus objetivos. Se trata de poner todo tu empeño e ilusión en un proyecto propio, que está por encima de frustraciones y beneficios a corto plazo.

¿Se puede aprender a emprender? Las competencias del emprendedor.

Se suele escuchar, sobre todo en estos días, que “cualquier persona no sirve para emprender”. Posiblemente sea cierto. Diferentes estudios muestran la existencia de ciertas características personales que influyen en la conducta del emprendedor. Se trata de valores, actitudes, motivaciones, rasgos de personalidad y habilidades (Rauch & Frese, 2006; Steward & Roth, 2007). La buena noticia es que muchos de estos procesos son “entrenables”. Por tanto, pueden ser adquiridos, aprendidos y mejorados (Shaver, 1995).

Diferentes investigaciones concluyen que las actitudes e intenciones de una persona que cuenta con motivación para emprender, tienden a cambiar significativamente, incluso a un nivel cognitivo profundo cuando se le educa sobre el tema (Gaglio & Katz, 2001; Mitchell, 2005).

Un proceso emocionante y emocional

 

“Tenemos asesores fiscales, asesores laborales, mentores de negocio…pero como emprendedores necesitamos también alguien que nos ayude a gestionar todo el proceso emocional que supone emprender”. 

Si que es cierto que el camino del emprendiemiento requiere de muchas competencias, mucha técnica, mucho entrenamiento y al final un sin fin de factores. Hay uno sin embargo que encontramos mucho en los emprendedores y emprendedoras: la autorregulación emocional. Y resulta curioso, porque cuando emprendes sueles acudir a muchos expertos y expertas en materias, pero no solemos recurrir a profesionales que nos ayuden a entender mejor las emociones que estamos teniendo, a cómo gestionarlas y manejarlas. La Inteligencia emocional engloba habilidades mentales, herramientas y capacidades que se apoyan en la emoción para terminar exitosamente una tarea o un proyecto, por eso es importante que la tengamos en cuenta. Se ocupa principalmente de la resolución de problemas (Mayer & Salovey’s, 1997) y es útil para la interacción efectiva entre personas.

Se realizó un estudio de investigación en el Tecnológico de Monterrey utilizando como muestra a participantes estudiantes universitarias de distintas licenciaturas relacionadas con áreas de negocios, humanidades e ingenierías. Los resultados encontraron que la inteligencia emocional tiene un efecto directo sobre la autoeficacia emprendedora y la actitud hacia el emprendimiento (Fernández, Herrera, Alonso, & Rodriguez, 2015).

Las personas que desarrollan adecuadamente su inteligencia emocional suelen sentirse más satisfechas, eficaces y más capaces de dominar hábitos mentales que determinan su productividad.

Esto es importante cuando emprendemos un negocio. Se ha encontrado que los emprendedores muestran un mayor grado de inteligencia emocional (Cross & Travaglione, 2003). Por el contrario, aquellos con dificultades en el control de su vida emocional, cuentan con mayores conflictos intra e inter personal, lo cual, hace mella en su capacidad laboral y en la claridad del pensamiento.

Existen diferentes maneras de mejorar nuestra inteligencia emocional:

Comenzar deteniéndonos y prestando atención a nuestras emociones y sentimientos. Hacer un ejercicio de introspección preguntándonos cómo estamos en este momento, atender nuestras emociones y sentimientos sin juzgarlos, incluso aunque sean contradictorios, preguntándonos el porqué están ahí y qué conclusiones podemos extraer de ello. Es útil que, aunque a veces resulte complicado, extraigamos los aspectos positivos de las situaciones. Nos pueden servir como experiencia y desarrollo personal.

Pensar en las anteriores ocasiones en que nos hemos sentido así y qué herramientas hemos utilizado que nos hayan sido útiles. Paralelamente, podemos prestar atención a las señales de nuestro cuerpo, por ejemplo, detectando las zonas donde estamos acumulando tensión muscular. En esta línea, existen diferentes estrategias de relajación, tanto cognitivas como conductuales, que pueden ayudarte a mantenerlo a raya.

En conclusión, tal y como sugieren distintas investigaciones, entre otras, Fernández & cols. (2015), la inteligencia emocional nos puede servir de apoyo en la adquisición de habilidades, identificarse con el rol de emprendedor, y adoptar una actitud emprendedora.

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