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Inteligencia Ejecutiva

INTELIGENCIA EJECUTIVA =

FLEXIBILIDAD

¿Qué nos puede ayudar a convertir nuestras ideas en proyectos concretos?

¿Qué hace que nos cueste tanto focalizar o tomar decisiones?

¿Qué hace que nuestros proyectos no lleguen a materializarse?

En Futurea hemos querido tener en cuenta la inteligencia ejecutiva a la hora de desarrollar nuestros procesos, y nuestras herramientas porque entendemos la necesidad de innovar a nivel educativo y en los procesos de orientación.

«Creímos que la gran revolución de la búsqueda de empleo llegaría con la tecnología, el empleo 2.0 y las redes sociales, pero la ciencia y el sentido común nos ha hecho entender que lo que necesitamos es un nuevo concepto, que tenga en cuenta la necesidad de desarrollar habilidades ejecutivas para conducir el proceso. A esto responde nuestro nuevo concepto: La búsqueda ejecutiva de empleo».

Juan Lajarin, Director de Futurea

Durante siglos se pensó que la unción principal de la inteligencia era conocer. Fue la época dorada de la Inteligencia Cognitiva. Después se reconoció la importancia de la Inteligencia Emocional, dada la influencia del mundo afectivo en el comportamiento humano. Muchos síntomas parecen anunciar que estamos en el comienzo de una nueva etapa, que aprovecha todo lo anterior situándolo en un marco teórico más amplio y potente. Desde múltiples campos de investigación emerge la idea de la INTELIGENCIA EJECUTIVA, que organiza todas las demás y tiene como gran objetivo DIRIGIR BIEN LA ACCIÓN (mental o física), aprovechando nuestros conocimientos y nuestras emociones. Jose Antonio Marina.

Lo que nos encontramos en nuestro día a día es que muchas personas, líderes y organizaciones conocen la “teoría” de la solución de lo que necesitan. Los problemas teóricos se resuelven cuando encontramos la solución, pero los prácticos son diferentes. No se resuelven cuando conocemos la solución, sino cuando la ponemos en práctica.

Hay un desfase, entre lo que las personas conocen, y piensan que quieren llevar a cabo, a lo que de verdad ponen en práctica, hay un desfase entre las soluciones teóricas que conocemos, y las que luego ponemos en acción para solucionar necesidades efectivamente. Nuestro esfuerzo con las formaciones e intervenciones es reducir este desfase.

Esto es lo más difícil porque entran en juego las dificultades de la situación concreta, los deseos enfrentados, los miedos, las expectativas, los intereses. No cuesta lo mismo descubrir que ciertos alumnos necesitan una serie de soluciones, que emprender todas las acciones necesarias para solucionarles el problema. Del mismo modo una persona, nos dicen muchas veces: “Si la solución ya la conozco, pero no se como llegar a ella”. De ahí la trascendencia del entrenamiento de la inteligencia ejecutiva, solemos tener muchas soluciones a los problemas, pero, ¿ejecutamos alguna de ellas? ¿tomamos decisiones al respecto?

Lo que nos permite su desarrollo es pasar de la idea a la acción, de la posibilidad al intento, de la silla al pasillo, de la mirada a la conversación, de la contemplación a la interacción.Llamamos a esta inteligencia “ejecutiva” porque supone todas aquellas operaciones mentales que permiten bien elegir objetivos, elaborar proyectos, y organizar la acción para realizarlos.

Une las ideas con la realización, y supone que “aprendamos a ser libres”. De hecho, la investigación actual coincide en afirmar que existe un modelo de inteligencia estructurado en dos niveles. Hay un nivel generador (inteligencia generadora) de ideas, sentimientos deseos, imaginaciones, impulsos, y un nivel ejecutivo que intenta controlar, dirigir, corregir, iniciar, apagar, todas estas operaciones mentales, con mayor o menor éxito.

Tal es la trascendencia en la educación de esta dimensión de la inteligencia que Lynn Meltzer, una experta en temas educativos describía que «el éxito profesional en la era digital está cada vez más ligado con el dominio de procesos tales como planteamiento de metas, planificación, organización, flexibilidad, gestión de la información en la memoria de trabajo, y autosupervisión».

La inteligencia ha supuesto siempre que podamos resolver los problemas, aprovechando la información, y aprendiendo de la experiencia. Gracias a ella nos enfrentamos a los problemas de la vida diaria y el trabajo, que suelen ser de dos tipos: teóricos y prácticos. Ahí reside la clave del avance de la inteligencia ejecutiva, que nos orienta a la resolución de los problemas prácticos.Los problemas teóricos suelen tener una solución que existe de antemano, por lo que el esfuerzo solo debe ir orientado a la búsqueda de la misma. Por el contrario, los problemas prácticos son más complejos y difíciles de resolver porque en ellos se mezclan ideas, emociones, intereses, expectativas, esperanza y dificultades.

Algunos expertos ponen el ejemplo de un gran navío, donde existe una sala de máquinas (fuentes de energía, instrumentos para captar información, almacenarla y combinarla) y un puente de mando, que es el que escoge en base a unas reglas personales una ruta viable. En el puesto de mando se compara la ruta con las cartas naúticas, ordenes de los superiores, potencia de los propulsores, previsión del tiempo, y así se da el visto bueno o se rechaza la sugerencia de la sala de máquinas. Los expertos coinciden actualmente en una serie de “habilidades ejecutivas”, que permiten dirigir una acción movida por metas conscientemente elegidas.

 

«No nacemos con las funciones ejecutivas que nos permiten controlar los impulsos, hacer planes, y focalizarlos. Nacemos con el potencial de desarrollarlas durante la infancia y la adolescencia. Ayudar a adquirirlas es una de las mayores responsabilidades de la sociedad. La revolución educativa no llegará con la tecnología, llegará con la pedagogía».

Building the Brain “Air-Traffic Control” System Center on Delevoping Child, Universidad deHarvard

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