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Seguramente sería una mañana soleada, tu salías contento de tu casa para coger el coche, el autobús o el metro. Todo el camino ibas pensando en ello, porque te hacía tanta ilusión…era todo tan intenso aquel maravilloso día de verano… Todo tu círculo ya lo sabía. Era tal motivo de júbilo que hasta te habías animado a hablar en el ascensor con tus vecinos, para contarles tu gran noticia: ya habías escogido tu futura carrera o estudio profesional. Esa mañana ibas a matricularte.

La relación con un título no difiere mucho de la relación con una pareja. En este caso vamos a hablar de la primera etapa en la que muchas personas entramos al inicio de nuestros estudios: el enamoramiento.

Y, ¿cómo sabemos que estamos en esta fase?

Sabemos que estamos en esta fase porque en nuestra “relación”, vemos todo con mucho optimismo, el futuro es dichoso, y solo es cuestión de tiempo que lo acabemos y encontremos un estupendo puesto trabajo. Ya hemos “hecho planes”: con nuestro primer sueldo ya tenemos pensado que comprar, a quien invitar, y donde ir de vacaciones en el verano en que nos graduemos. Nuestro título es un ente maravilloso, sin defectos aparentes y sin duda la mejor elección que hemos podido haber hecho. No existe ningún título mejor en el mundo que el que hemos escogido, y tenemos la certeza de que todo va a ir bien. Sin duda alguna, no necesitamos el apoyo de nadie para tomar la decisión…y si nuestros padres nos critican, les decimos que no se metan en nuestra “relación”. Nadie puede hablar mal de nuestro título, y si lo hace pensamos que no es cierto lo que dicen de él. No estamos ciegos, estamos enamorados, bajo un estado emocional (y no uno racional).

Siempre estamos hablando de él, y cuando nos preguntan sobre cómo nos va, levantamos el pecho, erguimos la cabeza y comentamos con alegría todas las novedades y cosas interesantes y maravillosas que experimentamos en nuestra “relación”. Hay otras titulaciones y formas de acreditarse, pero estamos enamorados, solo existe uno en el mundo para nosotros…y es ese que hemos elegido. No necesitamos conocer a otros, ni relacionarnos con otros porque nos sentimos completos. Nadie duda en querer “estar” con él toda la vida.

Cuando hablamos de nuestro título nos sentimos llenos, nos sale una sonrisa, y todos los días vamos con optimismo a ver “que sorpresita nos tiene preparada”. Un síntoma claro de esta etapa es lo mucho que nos arreglamos para ir cada día a estudiarlo. En clase nos gusta todo lo que escuchamos de él. 

Seguramente muchos se sientan reconocidos en estas líneas. Me encuentro a menudo muchas personas que no sabían quien les había ayudado, en que se habían basado, y cuales eran las razones de haber escogido un título profesional u otro. La euforia les desbordaba en aquel entonces, y habían caído presos de amor por su elección. Veremos en la siguiente etapa que puede pasar cuando nos dejamos cegar.

Y tu, ¿también estabas enamorad@?

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