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Por María Peña

Hoy quiero compartir con vosotros una parte de un cuento de Jorge Bucay, titulado “El País de las Cucharas Largas”:

Un viajero llegó a una casa cuyo cartel en la puerta anunciaba:

ESTE PEQUEÑO PAÍS CONSTA DE DOS HABITACIONES LLAMADAS NEGRA Y BLANCA. PARA RECORRERLO DEBE AVANZAR POR EL PASILLO HASTA DONDE SE DIVIDE Y GIRAR A LA DERECHA SI QUIERE VISITAR LA HABITACIÓN NEGRA O A LA IZQUIERDA SI LO QUE QUIERE ES CONOCER LA HABITACIÓN BLANCA.

El hombre avanzó por el pasillo y giró a la derecha. Nada más dar los primeros pasos, empezó a escuchar los primeros quejidos que provenían de la habitación negra. Llego a la puerta, la abrió y entró. Sentados en torno a una gran mesa había cientos de personas. En el centro de la mesa se veían los manjares más exquisitos que cualquiera pudiera imaginar y aunque todos tenían una cuchara con la que alcanzaban el plato central, ¡¡se estaban muriendo de hambre!! El motivo era que las cucharas eran el doble de largas que sus brazos y estaban fijadas a sus manos. De este modo, todos podían servirse, pero nadie podía llevarse el alimento a su boca. La situación era tan desesperada y los gritos tan desgarradores, que el hombre dio media vuelta y se marchó de allí precipitadamente.

Volvió a la sala central y tomo el pasillo a la izquierda que conducía a la habitación blanca. La única diferencia era que no se oían gemidos ni quejidos por el camino. Abrió la puerta y entró. Cientos de personas se encontraban también sentadas en torno a una gran mesa. También en el centro se veían manjares exquisitos y todas las personas tenían fijadas a sus manos cucharas el doble de largas que sus brazos. Pero allí nadie se quejaba ni lamentaba. Nadie se moría de hambre porque, ¡todos se daban de comer los unos a los otros!

El hombre sonrió, se dio la vuelta y salió de la habitación blanca.

He escogido esta historia porque podemos extrapolarla a muchas situaciones de nuestra vida profesional. Por un lado, a veces estamos tan ensimismados en nosotros mismos y en que nuestros planes salgan bien, que no nos damos cuenta que quizás ayudando a otras personas, nos estamos ayudando a nosotros mismos. No sabes que puertas se te pueden abrir ayudando a otra persona, que te abrirán puertas de cara a futuras colaboraciones o trabajos.

Por otro lado, en los procesos de orientación profesional que realizamos, insistimos a las personas que buscar un trabajo es una tarea complicada, por lo que apoyarnos en nuestro entorno cercano puede suponer ampliar nuestras posibilidades en todos los aspectos. No me refiero a que todas las personas del entorno nos puedan “dar un trabajo”, sino que nos pueden ofrecer otro tipo de formas de ver las cosas, nuevas ideas, apoyo emocional y muchas cosas que afectan y que necesitamos conciliar para buscar trabajo.

En este sentido, abrirnos a nuestro entorno, el networking y el coworking, los equipos multidisciplinares, el hecho de aunar fuerzas en un grupo para un fin común es indispensable y enriquecedor. Nos permite conseguir ciertos propósitos que individualmente nos sería mucho más difícil.

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