Logo Futurea

Por Juan Lajarín

A menudo, cuando hago exposiciones y hablamos sobre el concepto de inteligencia ejecutiva y nuestras aplicaciones en el ámbito de la orientación profesional, alguno de los asistentes me hace siempre la misma pregunta: ¿Cómo se pueden trabajar estas funciones de la inteligencia ejecutiva para mejorar mis resultados de cara a mi proyecto profesional?

La respuesta a esta pregunta la verdad es que no es sencilla, y requiere de muchos matices, ya que cada función ejecutiva de la inteligencia se desarrolla con unas estrategias y prácticas diferentes, sobre todo según el módulo en el que nos encontremos: más relacionado con la gestión de la energía, del pensamiento, la acción o el aprendizaje y la memoria.

No obstante, en todas ellas hay un nexo común que nos da pistas de cómo se debe abordar el trabajo de las funciones ejecutivas. Si queremos mejorar nuestras habilidades para alcanzar nuestro proyecto profesional, entonces tenemos que pensar cómo lo vamos a hacer.

Pues bien, existen dos formas principales que nos pueden ayudar a mejorar las funciones ejecutivas.

¿Cómo te hablas a ti mismo/a?

Los seres humanos somos únicos en algo, y es en tener esta capacidad de hablarnos a nosotros mismos todo el tiempo, la capacidad de tener un yo y un superyó, que nos habla y nos ayuda a decidir desde dentro.

Éste yo se genera desde la infancia. Al principio son los padres los que constituyen el control ejecutivo desde fuera, son los que nos ayudan a decir no, para estímulos y para elegir y tomar decisiones mejores.

Cuando empezamos a desarrollar el lenguaje, es cuando empiezan nuestras conversaciones con nosotros mismos, y ese centro de decisión se traslada a nuestro interior. Durante toda la vida iremos cambiando y conquistando criterios para conducir nuestra inteligencia.

Se sabe que con el diálogo interior se pueden entrenar las funciones ejecutivas, sobre todo de la mano de lo que es casi una metafunción, la metacognición. ¿Y esto cómo sucede?

Pues bien, imagina que quieres desarrollar tu capacidad de planificar metas a largo plazo. La primera forma en que lo vamos a trabajar, antes de que nadie nos ayude, casi siempre será a través de conversaciones con nosotros mismos, tipo:

-Juan, nunca llegas a cumplir nada de lo que haces. ¿Cómo puedes mejorar esto? A ver piensa… piensa…
-Ya lo tengo, quizá si utilizara un gestor de tareas, o una agenda, o planificara en pequeñas partes eso sería mejor.
-Vale, mañana me siento con el equipo y lo partimos en pequeños trozos.

Con esto, nuestros objetivos son varios a la hora de analizar nuestras propias conversaciones y nuestra influencia en nuestra inteligencia ejecutiva a diario:

-Revisar si estamos pensando en cómo pensamos o cómo actuamos a menudo para poder cambiarlo.
-Revisar si los mensajes que nos damos son positivos y nos incitan a iniciar y mantener cambios que nos acerquen a nuestros objetivos.
-Descubrir posibilidades y mejoras en cada una de las funciones. Por ejemplo: ¿Qué pasa que llevo tres meses estancando? Tendré que cambiar de estrategia (estamos hablando sobre flexibilidad).

¿Qué hábitos tienes?

La inteligencia se plasma en el día a día a través de los hábitos que tenemos, y de estos tenemos muchos tipos: el cerebro tiene hábitos que llamamos proyecciones, las emociones recorridos, tenemos hábitos alimenticios, hábitos sociales y hábitos personales.

El hábito es una pauta que hemos conquistado, adquirido y aceptado para interactuar con el ambiente, las personas y nosotros mismos en nuestro día a día.

¿Y por qué son importantes para desarrollar la inteligencia ejecutiva?

Pues bien, permiten que si tomamos la decisión, cambien las prácticas o añadamos nuevas y éstas desarrollen o mejoren las funciones ejecutivas.

Vamos a imaginar el ejemplo anterior, cuando en el último punto hablábamos de estar estancados por una falta de creatividad o en este caso de flexibilidad. Aparte de tener esa conversación y darnos cuenta de esta carencia o necesidad de desarrollar mayor flexibilidad, podemos establecer nuevos hábitos que nos ayuden efectivamente a desarrollarla. Si los mantenemos, estamos cambiando y desarrollando una función ejecutiva por la práctica y repetición continuada de una rutina o proceso repetido. Por ejemplo:

-Habito 1: Cada vez que me estanque, voy a pedir opinión a otra persona.
-Hábito 2: Cuando me estanque, voy a mirar opciones en Internet.
-Hábito 3: Voy a reflexionar como puedo superar esa barrera, o voy a cambiar drásticamente de estrategia.

Cómo ves es sencillo, pero nos permite desarrollar una función ejecutiva tan importante como esa.
He sido breve, pero espero que estos ejemplos te hayan servido para entender cómo puedes trabajar tú mismo tus funciones ejecutivas para mejorar tus resultados de cara a la búsqueda de empleo y al desarrollo de tu proyecto profesional.

Esta es nuestra principal innovación en Futurea, el analizar cómo a través de estas funciones y habilidades podemos mejorar la orientación profesional de las personas y su productividad y diligencia hacia sus objetivos personales y profesionales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo válida.
Necesita estar de acuerdo con los términos para continuar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Menú
error: Content is protected !!